El sol ya se escondía por las montañas, el viento comenzaba a helarse y empezaba a caer unas gotitas de agua-nieve. Celine Lestrange salió al jardín para esperar a sus hijos que no tardarían en llegar, llevaba una mantita con la que se tapaba los hombros y gran parte del tronco; "Duck", el perro de la familia, un pastor alemán un poco enclenque que ya era bastante mayor, salió también al jardín con su ama para esperar a los niños.
Ya había pasado media hora desde la hora en que solían salir los niños, "quizás la profesora los ha castigado, o se han entretenido...demasiado". Duck comenzó a ladrar y Celine que había entrado en la cocina para preparar la cena, salió:
—Al fin llegan -murmuró ella.
Pero los jóvenes no iban solos, alguien, una figura de hombre que andaba un poco "como mareado".
— ¿Quiere algo?, ¿Un té o un café quizás? -le preguntaba sin cesar al hombre, que ni negaba con la cabeza, ni hablaba y ni siquiera le dirigía la mirada, tenía la mirada como perdida—. Bueno, iré a preparar un café para cuando venga mi marido -la mujer un tanto preocupada les hizo una señal a sus hijos, en señal hacia la cocina.
—Pero, ¿en qué demonios estabais pensando cuando trajisteis a ese hombre?
—Madre, el se vino con nosotros y nos dijo que esperaba a padre -respondió James, su hijo mayor.
—Eso espero, que venga a hablar con tu padre, porque el muy cretino no se ha dignado a hablarme -contestó muy molesta Celine.
Se escuchó la puerta del jardín cerrarse, y unos segundos más tarde la de la casa.
—John, este hombre a venido a verte -Le dijo Celine a su marido, mientras este se quitaba la gabardina y el gorro.
—Sí querida, ya lo he reconocido, es...un amigo que...bueno ya te lo contaré en otro momento -Dijo John un poco nervioso y sin saber donde meter las manos-. Querida acompáñame a la cocina un momento, así sacamos las tazas de café para mi amigo y para mí.
Se fueron los dos hacia la cocina, Celine con cara de preocupación, cogió el seca-manos y lo estrujó entre sus pequeños y gruesos dedos; John acarició a su perro, que estaba con ellos en la cocina, como si fuera una despedida y salieron al comedor con una bandeja, en la que había tres tazas de café y unos pastelitos de manzana.
—Señor, espero que le gusten mis pasteles... cuénteme, ¿a qué ha venido usted exactamente? -dijo Celine.
—En realidad es un secreto, pero como no hay nadie más se lo contaré señora...por cierto muy buenos -comentó el hombre mientras comía un pastel y bebía un sorbo de café—. En primer lugar me llaman... bueno dejemos mi nombre para otro momento, esta noche, John y yo nos marcharemos y... no volverá... John estoy cansado y me gustaría dormir un rato.
—Vale, ves a acostarte un rato, el viaje será muy largo y tenemos que reponer fuerzas. Mis hijos te acompañaran a la habitación de invitados -dijo John, un poco sudado a su amigo. El amigo se marchó y al subir el primer escalón, dió la sensación de que se iba a caer.
—¿Que quería decir?, ¿quién es? -le preguntó Celine.
—Ahora te lo cuento... verás —Le contestó John rascándose el poco pelo que le quedaba -. No se si te habrás dado cuenta pero hace tiempo que esperaba su visita. Él es... una especie de mensajero o de ayudante de con quien hice el trato, es difícil de explicar, pero quiero que sepas que estaréis bien, los tres aquí, ya me he encargado yo de que no os pase nada... –James y George bajaron por la escalera-. Niños ir al jardín a jugar con la pelota —John se secó una lágrima que le caía por la mejilla, se levantó y se fue a dormir.
Celine se quedó allí sentada, abrió la puerta y les contó a sus hijos lo que iba a pasar, sus hijos se fueron a la habitación de John y lo vieron dormir, el perro estaba tumbado con él en la cama, parecía que estaba durmiendo.
John, su amigo y el perro, bajaron por la escalera a eso de las tres y John dejó una nota en la mesa de la cocina. Al salir al comedor para marcharse, vio a Celine tumbada durmiendo en el sofá, él le dió un beso en la frente; cogió su gabardina, su gorro y se marchó, con su amigo y su inseparable perro.
Celine se levantó de un bote tras cerrarse la puerta, se asomó por la ventana y vió dos figuras de dos hombres y la de un perro alejándose de la casa por el camino de piedra que llevaba a las montañas más altas. Por la mejilla le cayeron dos o tres lágrimas, no lo recuerdo.